Columna de opinión de Cecilia Osorio en El Mostrador | No es el arrastre, ¡son las listas!

Las elecciones del domingo fueron tan relevantes y sorpresivas que nos entregan muchas entradas para analizarlas. Una de ellas, es el recién estrenado sistema proporcional y sus efectos.

El martes, por ejemplo, se titulaba en un medio nacional: “más de 30 parlamentaros entrarán al Congreso con menos del 5% de los votos”.  Sólo una muestra de un cierto “ruido” que se ha generado en algunos medios y en las redes sociales al respecto.

Ante esto, creo importante considerar que esta es la primera vez, desde el retorno de la democracia que se aplica este sistema, con lo cual todavía existe cierta desinformación o confusión, que es importante aclarar. Ello para no comenzar, prematura y atolondradamente, a sugerir volver al sistema anterior o hacer nuevas modificaciones apresuradas, como ha sucedido con otros temas anteriormente (por ejemplo el voto obligatorio o voluntario). Nosotros, los chilenos, y nuestra falta de mirada de largo plazo…

La campaña electoral pasada y la presentación en los medios de comunicación estuvo centrada en las personas y eso ha generado la confusión y sensación de injusticia por los escaños obtenidos con bajos porcentajes de votación individual, el llamado “arrastre”.

En ese sentido, hay que recordar que este sistema proporcional D’Hont busca asegurar una mayor representatividad de las diversas fuerzas políticas presentes en el electorado y que ello se refleje en escaños. Un punto clave, es que los escaños que se obtienen dependen de estos votos agregados, es decir, la votación obtenida por las listas o de los pactos electorales. Por tanto, los errores en el diseño de estos último, mal cálculo político o porfía, puede significar quedar fuera del Congreso.

En esa línea, los partidos debieron conformar sus listas ante un complejo y desafiante escenario: significativa dispersión de los candidatos presidenciales, un electorado más amplio y potencialmente impredecible (y que de hecho sí sorprendió) y la novedad en sí misma de este sistema que implica pensar más en listas que en candidatos.  Esto último en particular creo que es lo que habrá que reforzar para no perder el foco del nuevo sistema. Se trata de un reto que implica configurar una identidad de la lista que permita al elector identificar un proyecto común a todos quiénes están allí. La lista por sobre los apellidos, las ideas centrales de ese conglomerado por sobre el rostro, el colectivo versus el individuo.

La campaña electoral pasada y la presentación en los medios de comunicación estuvo centrada en las personas y eso ha generado la confusión y sensación de injusticia por los escaños obtenidos con bajos porcentajes de votación individual, el llamado “arrastre”. Sin embargo en estricto rigor no son “arrastrados” sino que ocuparán los escaños que le corresponde a la lista por la votación agregada de la lista. La presentación en los medios de comunicación, en especial la TV con el despliegue de gráficos del domingo se centró en la votación individual de los candidatos, mientras que lo más clarificador y exacto, por cierto, sería presentar las votaciones colectivas y desde allí los escaños correspondientes. Los candidatos no ganan su escaño a partir de su votación individual.

Ahora bien, queda tiempo para habituarnos al nuevo sistema y aprender en todo sentido. Por ahora, ha dado como resultado un Congreso más representativo y plural que los anteriores, lo cual es una excelente noticia para nuestra democracia. Para las siguientes elecciones, el proporcional debiera incentivar poner mayor atención a la configuración e identificación ante el electorado de las listas. Las que debieran convocar por proyectos, por ideas que sostengan, no por personas. Esto podría generar un retorno, y ojalá así fuera, a la discusión de las ideas por sobre los apellidos. La lista por sobre el individuo. En otras palabras, es la lista, no es “arrastre”.

Cecilia Osorio, Directora carrera de Ciencia Política y R.R.I.I. UAH

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