12 de Noviembre de 2016

DANIELA VALENZUELA, ARQUEÓLOGA ESPECIALISTA EN ARTE RUPESTRE, ACTUALMENTE ESTUDIA LA RELACIÓN ENTRE ANIMALES Y COMUNIDADES ANTIGUAS: “EL DESIERTO DE ATACAMA ES MÁS DIVERSO DE LO QUE APARENTA”

Humanos y animales han convivido e interactuado durante milenios, generando relaciones productivas, sociales, emotivas e, incluso, visuales o artísticas. Y los antiguos habitantes del desierto de Atacama no estuvieron ajenos a esta realidad. Camélidos, aves, lagartos y hasta monos han servido para diversos propósitos, como alimento, medicina, materia prima, abrigo e inspiración a las comunidades […]

Humanos y animales han convivido e interactuado durante milenios, generando relaciones productivas, sociales, emotivas e, incluso, visuales o artísticas. Y los antiguos habitantes del desierto de Atacama no estuvieron ajenos a esta realidad. Camélidos, aves, lagartos y hasta monos han servido para diversos propósitos, como alimento, medicina, materia prima, abrigo e inspiración a las comunidades de antaño, las que dejaron huellas de estas interacciones con restos de cuero, hueso, lana o plasmándolas en figuras rupestres.

Daniela Valenzuela, arqueóloga de la Universidad de Chile y académica de la Universidad Alberto Hurtado, ha dedicado los últimos años al estudio de estas relaciones, generando importantes resultados que ha publicado en distintas revistas científicas.

“Los animales han sido usados en diferentes contextos, ya sea como artefactos, arte y usos rituales. Fueron parte del mundo material e inmaterial de las antiguas poblaciones del desierto y los usaron para su propio beneficio”, explicó la especialista.

¿Qué animales tenían más cercanía con las comunidades?

Todos los animales estaban disponibles para uso humano, pues existía y existe una gran diversidad. El desierto de Atacama es más diverso de lo que aparenta, sobre todo en la costa, donde hay una gran productividad y biodiversidad marina gracias a la corriente de Humboldt y el fenómeno de surgencias. En este sentido, las poblaciones usaron la fauna marina, principalmente, aunque no exclusivamente, para la alimentación, lo que fue más frecuente en las comunidades que estaban asentadas en la costa.

¿Y las del interior?

Hay que tomar en cuenta que, por la geografía de la zona de Arica, donde los ríos desembocan en el mar, existió un flujo constante de las poblaciones entre los hábitats de la costa y del interior, por lo que muchas comunidades que vivían en los valles bajaban igualmente a la costa o intercambian con las poblaciones costeras y aprovechaban los recursos marinos. De modo que las poblaciones del interior también aprovecharon muchísimo los recursos marinos, de hecho, fue la base de su dieta a lo largo de toda la prehistoria.

Pero no todo era alimentación…

Así es. En el caso de la fauna marina, una parte importante se usaba en contextos rituales. Por ejemplo, la Cultura Chinchorro usaba la piel de los pelícanos para cubrir los cuerpos en los ritos funerarios y en épocas tardías usaban las plumas de otras aves para elaborar sombreros. Había comunidades que usaban huesos y cueros para hacer herramientas y otras, aparentemente, ofrendaron las orejas o patas de camélidos en sus casas. No se sabe el porqué, pero se han encontrado, y claramente se trata de rituales ligados a un contexto habitacional más cotidiano, diferente al funerario.

Entiendo que los camélidos tenían gran relevancia

En el caso de los camélidos se da una situación muy interesante, principalmente porque los usaron de manera muy selectiva. Mayoritariamente, usaron su fibra para tejer diversas prendas y objetos, lo que se manifiesta en el gran desarrollo textil que alcanzaron las comunidades prehispánicas que habitaron este desierto. También lo usaron como referente para plasmar imágenes en el arte rupestre, siendo el animal más frecuentemente representado en grabados, pinturas y geoglifos en los diferentes períodos. También fue muy importante como bestia de carga, lo que se evidencia de manera explícita en muchas imágenes de grabados y geoglifos en todo el desierto de Atacama. Otros animales, que tienen baja visibilidad en contextos arqueológicos, porque su uso o consumo no deja huellas materiales que se conserven, como los lagartos, por ejemplo, son bastante frecuentes en imágenes de los tejidos.

ANIMALES, ARTE Y CURIOSIDADES

Gran parte de la carrera de Daniela Valenzuela se ha enfocado en el arte rupestre, principalmente en aquellos grabados que plasman la relación humano/animal, como una forma de conocer las prácticas y las transformaciones sociales de las antiguas comunidades que habitaron el desierto de Atacama. Es así que ha liderado proyectos como “Arte rupestre en las tierras bajas de los Valles Occidentales: estilo, cronología y cambios culturales”, y actualmente es investigadora responsable del proyecto Fondecyt “Consumo integral de animales en la prehistoria del extremo norte de Chile: una perspectiva interdisciplinaria a través de diferentes líneas de evidencias (ca. 1000 a 1400 d.C.)”, al mismo tiempo que participa como investigadora asociada del Anillo Escallonia.

¿Cómo nace este interés por el arte rupestre y la interacción entre humanos y animales?

El gusto por el arte rupestre lo empecé desde la universidad. Casi todos mis trabajos de la carrera los hice en esa área. En el segundo año de Arqueología teníamos la asignatura Prehistoria General, donde tuvimos que hacer un trabajo para la profesora Victoria Castro y lo hice de geoglifos. Después, en Prehistoria del Norte Chico, para el profesor Donald Jackson, hice arte rupestre; en el ramo de Prehistoria del Extremo Sur, para el profesor Mauricio Massone, hice arte rupestre de la Patagonia y así. De hecho, mi práctica la hice en arte rupestre y mi memoria de título, mi tesis de magíster y de doctorado fue de lo mismo. Me gusta no más (ríe).

¿En su actual proyecto Fondecyt también hace la relación con el arte y los animales?

Estamos analizando tanto arte rupestre como objetos hechos con restos de animales. Por ejemplo, hemos encontrado y analizado anzuelos hechos con concha de molusco, faldellines confeccionados con fibra de camélido, una momia Chinchorro vestida con este mismo material, además de plumas de pelícano y una potera, que es una herramienta hecha con hueso que sirve para capturar pulpos. También contamos con arte rupestre en geoglifos y cerámicas, donde vemos representados distintos animales, como aves, lagartijas, monos…

¿Monos? ¿En el desierto de Atacama?

Así es. Pese a que no es algo muy común, están representados en distintos lugares y sitios. No es algo excepcional. Tanto en Arica como en Tarapacá se pueden encontrar grabados de monos en petroglifos. Este tipo de fauna no es local, sino que habita y habitó la selva en la vertiente oriental de los Andes. No se sabe con certeza cómo llegaron estas imágenes a la zona o el por qué fueron representados, ni su significado, pero lo que sí es seguro es que fue producto de la interacción humana. Lo que podemos hacer es relacionar estas imágenes con otros elementos arqueológicos para interpretar el rol de ese animal en las sociedades antiguas, pues también se han encontrado restos de monos en contextos funerarios.

¿Hay más casos como este?

Lo mismo ocurre con restos de loros amazónicos y otras cosas de origen tropical. En sitios habitacionales se han encontrado semillas de huairuro, por ejemplo. En algunos cementerios de Pica se han encontrado loros y hay registros etnográficos que dicen que hace 50 años llegaban viajeros que los traían de otros lugares. Pero este fenómeno es algo que también ocurre hoy en día con la gente que le gustan lo exótico, es algo propio del ser humano.

¿Qué investigación desarrolla actualmente?

Estamos tratando de determinar el origen de los camélidos que las comunidades utilizaban en los valles, para saber si eran locales o si fueron traídos desde otras zonas. Para ello estamos estudiando las fecas y fibras, haciendo análisis con isótopos estables, en colaboración con Eugenia Gayo, también investigadora del Anillo Escallonia y un proyecto Fondecyt1. Ahora estamos trabajando con restos óseos que datan del período Intermedio Tardío, hace unos 1.000 años. Según los análisis de Isabel Cartajena, especialista en zooarqueología, sería charqui de alpaca, el cual era muy útil para las caravanas, pues servía como alimento a lo largo del viaje y como bien de intercambio ya que era un bien muy preciado por las comunidades agrícolas y costeras de tierras bajas. Cuando lo hallamos, dije: “¡Guau! Esto calza perfectamente con el sitio en el que lo encontramos”, pues los caravaneros son de tierras altas y las alpacas, actualmente, también, pero aún no sabemos si esa alpaca fue criada localmente o si provino de tierras altas, y determinar eso es el trabajo que tenemos por delante.

1 Proyecto nº 11150210: “Reconstrucción en la larga duración de las dinámicas culturales, en la vertiente occidental de los Andes Centro-Sur (18°-22°S) durante los últimos 13.000 años: aportes desde la Ecología isotópica”.

Fuente: Proyecto anillo de CONICYT “Cambios sociales y variabilidad climática a largo plazo en el desierto de Atacama”.

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