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Cambios en materia de situación de calle

Fuente: El Desconcierto “No es lo mismo pero es igual”, escribe Silvio Rodríguez en «Pequeña serenata diurna», una breve canción incluida como sexta pista en el disco Días y flores del año 1975, y que en Chile se lanzó bajo el nombre de Te doy una canción por la censura de la época. Una balada […]

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Fuente: El Desconcierto

“No es lo mismo pero es igual”, escribe Silvio Rodríguez en «Pequeña serenata diurna», una breve canción incluida como sexta pista en el disco Días y flores del año 1975, y que en Chile se lanzó bajo el nombre de Te doy una canción por la censura de la época.

Una balada íntima que celebra la pequeña felicidad diaria, la enorme cobertura de dulzor que entrega el amor de pareja en este caso, o el equivalente en lucidez que aporta su oficio de cantor en medio de la revolución que comparte.

Más acá, su empleo como base de una reflexión que apunta a los cambios que en materia de situación de calle ha habido en los últimos años, busca remarcar la importancia del matiz en el argumento, una práctica que en tiempos de grandes titulares y verdades de fórmula parece más que necesario.

Desarrollado en un artículo publicado no hace mucho y otro por aparecer, el examen del tema deja ver la existencia de a lo menos cuatro grandes transformaciones en Latinoamérica, ello en las poco más de dos décadas de este siglo, que más o menos es la misma cantidad de tiempo que lleva en las agendas de la región como política pública.

Eso que en sí mismo ha de ser el más grande de estos cambios, de otra forma muestra el muy pequeño lugar que ha ocupado históricamente en esta y las otras geografías del subcontinente, una similitud que anotada como característica en común nos hermana de un modo que a lo menos debiera preocuparnos.

El primero de ellos, o También yo en esta revisión, guarda relación con el emergente y creciente interés que en términos de investigación e intervención ha suscitado la observación de sus otras poblaciones componentes, en particular las mujeres, pero no solamente, obscurecidas por la masculinización del fenómeno y la forma en que se ha efectuado la aproximación al tema.

Movida por la necesidad de cuantificarlo y caracterizarlo, la hasta lógica y progresiva pormenorización de su conocimiento ha dejado ver lo mucho que ignorábamos de ellas y la especificidad de esa otra experiencia en la calle, cruzada, además, por la acumulación de violencias dada por su condición de mujeres y gestantes algunas.

Cómo se menstrúa o materna en la calle, por ejemplo, son parte de esas preguntas que hemos empezado a hacernos y que, en la concurrencia de sus distintas respuestas también han hecho patente, como advierte Leslie Kern (2020), que la ciudad cambia según se trate de quién, lo mismo las políticas sectoriales, sus bajadas interventivas, y la relación en y entre las poblaciones con y sin domicilio.

La segunda transformación, que por su parte se ha apuntado como No me dejes morir, alude a la ampliación de estas preocupaciones hacia la cuestión de la muerte, un aspecto tan vital como ausente no solo en lo que toca a esta población. Señalado como interpelación dado el vergonzoso número de su ocurrencia, el hecho de que no pare de suceder y siga siendo sin nombre y una ritualidad que acompañe y guarde su memoria, ha marcado un relativo giro que no por insuficiente habría que desmerecer.

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