Fuente: El Siglo
La segunda vuelta entre Flavio Bolsonaro y Lula da Silva para muchos parecía una carrera ya ganada por la carta de la extrema-derecha. Nunca un candidato derrotado en primera vuelta en Brasil había logrado revertir ese escenario en el balotaje. El sorpresivo triunfo del hijo del ex capitán en primera instancia, quien activó el voto útil de los otros candidatos de derecha, lo dejaba con el mejor pie para que su familia volviera entrar en el Palacio de Planalto. Pero, como dijimos con Camila Vallejo en una columna publicada en ElSiglo.cl tras ese resultado, la remontada era difícil, pero no imposible: “[Pues] Si hay alguien con la biografía, la capacidad y el talento para revertir este decisivo escenario es ese niño del nordeste de Brasil que, como dirigente sindical, se convirtió en el Presidente del país más grande de ‘nuestra América’”.
Y así fue. Lula da Silva, quien a lo largo de su vida derrotó todas las probabilidades, venciendo el hambre, protagonizando las movilizaciones obreras más grandes en contra de la dictadura y convirtiéndose tres veces en Presidente de la República, logró vencer la elección más difícil de la historia de Brasil. Pero, no solo derrotó al primogénito de una familia vinculada a las Milicias de Río de Janeiro (grupos para-militares que “venden” seguridad y dominan el crimen organizado en la periferia carioca), prácticamente doblando la diferencia con la que le ganó al patriarca Bolsonaro 4 años atrás, Lula derrotó también a Donald Trump quien buscó diferentes mecanismos para intervenir en el resultado, a los tecno-oligarcas de Meta y X quienes, como quedó documentado, manipularon los algoritmos para favorecer a Bolsonaro; derrotó también al Juez bolsonarista que a lo largo de todo el proceso buscó impedir que este resultado se diera.
En efecto, durante todo el día de la segunda vuelta, hubo denuncias en grandes colegios electorales de obstaculización de la votación (Salvador, São Paulo, Guarulhos), principalmente por la acción de empresas de transporte colectivo que, contrariando la ley, disminuyeron la circulación de su flota de buses. Todo eso con la omisión de la Justicia Electoral, presidida por este juez bolsonarista. La Corte Suprema tuvo que intervenir, ordenando la extensión del tiempo de votación, medida solicitada por ambos comandos, pero nuevamente la Justicia Electoral demoró la ejecución de la orden para volverla impracticable. Pese a ello, los brasileños acudieron masivamente a las urnas, reduciendo sustantivamente la abstención y dándole un triunfo expresivo a Lula. Como era de esperar, Flavio Bolsonaro no reconoció el resultado, cuestionando la acción de la Corte Suprema y omitiendo que él también había solicitado esa extensión de tiempo de votación.
Lula terminó triunfando, porque supo colocar en el debate con claridad qué es lo que estaba en juego: la soberanía y la democracia del país.