Fuente: El Ciudadano
¿Por qué, entonces, este ciclo culmina con la peor derrota electoral y sin avances significativos para las agendas de las izquierdas? A continuación, se presentan brevemente seis puntos que, sin pretender explicar por sí solos el problema, ofrecen algunas coordenadas para interpretar y discutir sobre una crisis que va más allá de un mal resultado electoral.
El resultado del pasado domingo 16 de noviembre constituye una de las mayores derrotas electorales de las izquierdas en Chile. Ello se inscribe en un ciclo internacional marcado por fracasos, desorientación y el avance de los discursos de ultraderecha. Posiblemente, como nunca en la modernidad, estamos viendo un momento sin horizonte y esperanza, con muy pocos lugares en el planeta donde existan movimientos a referenciar.
Esto no es algo nuevo. Gran parte de las izquierdas venía arrastrando una crisis prolongada: para algunos, desde el desencanto con los socialismos reales; para otros, desde la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, nunca faltó el fenómeno sociopolítico capaz de reavivar las esperanzas para las distintas izquierdas: maoísmo, trotskismo, revolución cubana, allendismo, 68 francés, renovación socialista, zapatismo, altermundismo, socialismo del siglo XXI, indignados o los chalecos amarillos. Hoy, en cambio, parece primar un vacío.
En nuestro caso el derrotero ha sido largo. Enmarcado en una crisis del neoliberalismo y de las instituciones políticas —cuestión que hoy pocos parecen recordar—, las izquierdas en Chile tuvieron, al igual que en gran parte del mundo, la primera opción para conducir el descontento. Tras un periodo de rearticulación y construcción de organizaciones sociales entre 1997 y 2006, y un ciclo de protestas masivas con amplio respaldo ciudadano —que instaló en la agenda temas como la educación, vivienda, pensiones, violencia de género y el daño ambiental, entre otros—, se produjo un estallido social con apoyo mayoritario, una derecha desorientada, la elección de un gobierno progresista y un proceso constituyente con una correlación de fuerzas favorable. ¿Por qué, entonces, este ciclo culmina con la peor derrota electoral y sin avances significativos para las agendas de las izquierdas? A continuación, se presentan brevemente seis puntos que, sin pretender explicar por sí solos el problema, ofrecen algunas coordenadas para interpretar y discutir sobre una crisis que va más allá de un mal resultado electoral.
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