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Elección presidencial en Brasil: Lula contra Bolsonaro

Fuente: Radio Universidad de Chile Como siempre la elección brasileña concentra la atención por los efectos que puede tener para el vecindario en un contexto de impulso de la doctrina Donroe. En ciertos aspectos parece un deja-vu de hace 4 años atrás, cuando el presidente en ejercicio Jair Bolsonaro se enfrentó al actual mandatario Luis […]

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Fuente: Radio Universidad de Chile

Como siempre la elección brasileña concentra la atención por los efectos que puede tener para el vecindario en un contexto de impulso de la doctrina Donroe. En ciertos aspectos parece un deja-vu de hace 4 años atrás, cuando el presidente en ejercicio Jair Bolsonaro se enfrentó al actual mandatario Luis Inácio Lula da Silva, ganando este último por 1,8% de diferencia.

Como en aquella ocasión hay una polarización entre el lulismo y el bolsonarismo, esta vez encabezado por el Senador Flavio Bolsonaro, ante la condena y, por consiguiente, inhabilidad del patriarca familiar para presentarse como candidato tras el intento de Golpe de Estado ocurrido el 8 de enero de 2023 que buscó impedir que Lula asumiera su mandato. En consecuencia, no ha emergido ninguna tercera vía que pueda romper la dicotomía dominante, principalmente porque las candidaturas menores que puntúan en las encuestas se enmarcan principalmente en la derecha y, por tanto, en el campo del anti-petismo.

También como hace 4 años, la elección parece marcada por una disputa de techos de rechazo. Son particularmente altas las cifras de electores que jamás votarían por alguno de los candidatos principales (47% para cada uno según DataFolha), lo que les deja un escaso margen de crecimiento a ambos para la segunda vuelta. En principio eso podría favorecer a Bolsonaro, ya que no hay ningún candidato del campo de la izquierda que puntúe y que pueda, luego, transferir votos a Lula. Con todo, en la elección de hace 4 años, Lula da Silva necesitó subir apenas poco más de 2 puntos porcentuales para quedarse estrechamente con la victoria. Lula tiene poco espacio de crecimiento, pero puede repetir un incremento modesto, pero suficiente en la segunda vuelta.

La gran diferencia es que hoy Lula da Silva enfrenta una nueva elección desde el gobierno sin exhibir la popularidad de otrora y condicionado por un modesto apoyo a su gestión de tan sólo 34% (DataFolha), mientras que la mitad de los encuestados dice desaprobar su gobierno. Al mismo tiempo, en esta ocasión las proyecciones muestran una primera vuelta más estrecha que hace 4 años, cuando Lula le sacó 5 puntos de ventaja a Jair Bolsonaro. Así, diversas mediciones coinciden en un empate estadístico, pero a menos de una semana Lula empieza a dar señales de recuperación y Flavio, de estancamiento.

Por otra parte, aunque probablemente se mantendrá la polarización regional, con el noreste (Bahía, Pernambuco, Ceará) votando contundentemente a Lula y el Sur-Sudeste votando a Bolsonaro (Sao Paulo, Rio de Janeiro, Paraná, Rio Grande do Sul); Bolsonaro ha logrado penetrar más en el nordeste, pero también Lula parece estar acortando la brecha en Sao Paulo y Rio de Janeiro (los dos mayores colegios electorales). Con todo, una vez más será Minas Gerais el fiel de la balanza que marcará el desenlace de la elección, quien gane ese Estado probablemente gane la elección.

¿Qué explica la estrechez de las proyecciones? Estar en la presidencia, como ha ocurrido en muchas elecciones en América Latina recientemente, dejó ser una ventaja electoral. Para Lula fue más fácil desafiar el criticado gobierno de Bolsonaro con la memoria de sus exitosas gestiones anteriores, que buscar la reelección con un gobierno que ha estado por debajo de las expectativas, pues, aunque ha exhibido buenas cifras macroeconómicas, esto no se ha reflejado en el bolsillo de la población, en especial de los sectores populares que son quienes lo sostienen electoralmente. Está por verse si el anuncio de reajuste de un 15% del “bolsa familia” (beca familiar) lo reencuentre con los más pobres. Vale recordar que cuando Bolsonaro subió en 50% el beneficio, también a pocas semanas de la deliberación, no logró el efecto electoral que deseaba.

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